Yo, la artrosis

¿Me conocéis? Mi nombre de pila es Artrosis en el mundo de habla hispana y Osteoarthritis en el mundo anglosajón. Puede decirse que mi nacimiento se remonta a los albores de la Humanidad, ya que me descubrieron en una momia llamada Ötzi.

En 1991, mientras dos turistas alemanes estaban de excursión por los Alpes de Örtzal, en una zona situada entre la frontera de Austria e Italia, hallaron un cadáver. Se trataba de un hombre pequeño, con artrosis en las articulaciones y cuya edad podría rondar entre los 40 y los 50 años. Luego, años más tarde, los estudiosos dijeron que Ötzi debió vivir unos 3.300 años aC, lo que me hace pensar que yo ya existía muchas décadas y siglos atrás, de modo que no sé con exactitud mi edad y, de momento, es la única documentación de mi existencia.

Ya sé que por presentarme así, sin darme a conocer y diciendo lo avanzada que es mi edad, me vais a tomar por una ancianita achacosa, pero no es así. No, de verdad que no. No soy ancianita, pero por favor no seáis tan curiosos: prometo que os relataré toda mi vida.

A pesar de lo que llevo viviendo en este mundo, todavía tengo fuerzas para mantenerme en forma, y me pongo muy furiosa cuando me dejan. Si me abandonan, entonces es cuando voy progresando y llego  a ser bastante agresiva. A pesar de que cada día los humanoides me recuerdan, sobre todo cuando mueven sus articulaciones, luego, cuando llevo más tiempo ya es continuo el dolorimiento. Tras la inmovilidad, produzco bastante rigidez en las articulaciones. Al principio, cuando ya me he instalado en el “personajillo” elegido, al hacer movimientos le duelen las articulaciones. Pero ocurre que al cabo de media hora le desaparece el dolor. Y por la noche le dejo dormir tranquilo porque, a priori, no me gustan los trabajos nocturnos.

Si las personas no hacen nada para evitarme, yo hago todo lo posible para fastidiarlos y les ocasiono molestias cuando se mueven, como una forma de decirles: “Aquí estoy yo. Hacedme caso.” ¡Uy, uy, qué dolor! Pero, queridos amigos, ni así me hacen caso. Y yo voy buscando los puntos débiles, y si ciertamente me tienen abandonada, luego, con el tiempo, el daño pequeñito que les ocasiono, casi microscópico, se vuelve mayor, hasta llegar a una disminución irreparable en el cartílago. Así consigo dejar bastante rígidas las articulaciones, sin que el dolor mejore con el movimiento. Entonces es cuando ya me siento francamente estupenda. Entonces, ya bien lesionado el cartílago, me dejan seguir avanzando sin ponerme trabas y para remediar su mal ya solo queda “cortar y cambiar”.

Quería deciros, CREO QUE LO SABÉIS, que no soy una chica ni un chico: soy una enfermedad degenerativa que se asienta en las articulaciones de hombres y mujeres.

Nota / la historia sigue unas 10 páginas más pero en este formato la extensión solamente me permite el principio de la narración.

Sección: Artículos, Reflexiones
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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