Violencia

María abre la puerta cuando todavía resuena el timbre. No puede dar crédito a lo que ve, trata de zafarse de ese hombre, impidiéndole la entrada, pero Venancio ya ha puesto un pie en el dintel bloqueando la puerta y cruza el umbral.

̶¿A qué vienes?

̶¿Quieres que te lo explique? Le contesta con sarcasmo.

María lívida, dice que no, con un gesto de cabeza.

Venancio empuja bruscamente a María y se dirige al salón, se sienta en el sillón verde mientras saca un cigarrillo del bolsillo y lo enciende. María mira sin pestañear al recién llegado, tratando de identificar sus deseos. Es un hombre alto, bien plantado, fuerte con piel bruñida, y pómulos salientes. Ahora bien, sus ojos han perdido la expresividad de antaño y ahora tienen una profundidad glacial.

̶ ¿Quieres tomar algo? Le dice balbuceando, intentando mostrarse educada. Espera su respuesta, pero Venancio la ignora, permanece mudo mientras sigue dando las últimas bocanadas al cigarrillo.

María duda sí salir rápidamente del piso o quedarse. Piensa: «Será inútil » mientras juguetea con el pañuelo que tiene en el bolsillo. Esta inmóvil, de forma casi imperceptible se muerde los labios para detener el temblor y hace esfuerzos para no desmayarse.

̶¿Eres consciente de lo que me hiciste, María? su mirada y su piel están efervescentes y una gotas de sudor asoman por su frente. Se levanta y de un salto se le acerca agarrándole de la garganta con fuerza.

-¡Era de esperar de una zorra con tú, chilla Venancio.

La expresión de terror aparece en el rostro de María, la empuja hacia la pared inmovilizándola. María le mira con pánico, casi no puede respirar y teme que le va a golpear.  Pero no lo hace. Está muerta de miedo, su nerviosismo aumenta y permanece con los ojos cerrados, como si esperara un ataque en cualquier momento. Su garganta está seca, sus cuerdas vocales paralizadas incapaces de emitir ningún sonido.

Venancio afloja la presión de la garganta en tanto que María cabizbaja se resbala contra la pared hasta llegar a suelo, nota que está mojada, se ha orinado.

Venancio se agacha y susurrándole al oído le dice:

-¡Nunca serás de otro hombre, nunca!.

Unos minutos después María oye un portazo en la lejanía.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.