Universo

Una mañana de noviembre, Quique se encontraba en el Universo, en el planeta tierra, para ser más exactos en la calle de la Cruz Verde 43, de Madrid. Allí estaba su empresa de diseño de interiores. Esa mañana estaba valorando un proyecto para Guadalajara.

Dentro del bolsillo de su pantalón, advirtió que su móvil vibraba, se separó un poco del grupo de los compañeros para atender la llamada. Al colocarlo en la mano vio que el número no lo tenía registrado, y por un momento dudó en contestar.

̶  ¡Hola Quique!  Soy Celia

̶¿Celia?  No caigo, contestó sin ambages.   

̶ Nos conocimos el pasado verano en Belice. ¿Me recuerdas, ahora?

̶   ¡Ah! Ya, ya.

̶ Estoy en Madrid por un asunto de trabajo, y había pensado si podíamos vernos.

̶ Esta tarde la tengo ocupada, pero si quieres mañana quedamos

 ̶¿Te parece?

̶ OK

La verdad es que no tenía nada planeado esa tarde, pero prefería aplazar la cita. A Celia la había conocido en un mercadillo comprando unas huaraches mexicanas. Después coincidieron una vez más, porque él ya tenía programado el viaje para conocer la cultura Maya; desde entonces no había sabido nada más, y prácticamente la tenía casi olvidada.

Era ostensible que no conocía a Celia. Cenar con una tía buena en un excelente restaurante de Madrid, no le parecía mala idea.

Pensó en deslumbrarla y reservó por Internet en DiverXO, un lugar próximo a su domicilio y cercano al hotel Cuzco, donde le dijo que se hospedaba.

Celia apareció puntual a la cita, mucho más guapa que sus borrosos recuerdos; esbelta, alta con ojos grises y excesivamente maquillada. Llevaba un traje azul, con camisa blanca, atestaba a un perfume que no supo identificar.

Al inicio de la conversación Quique se aturrulló, pero enseguida se circunscribieron a hablar sobre la música que les gustaba:  Bruna, Nathy Peluso, Bad Bunny; ciertamente coincidieron en los gustos musicales. Pero mi canción preferida es sin duda It’s A Heartache de Bonnie Tyler, también para mí, dijo Celia. Los dos rieron. La cena transcurrió muy bien y simpatizaron.

̶ ¿Nos vamos a tomar una copa?
̶ Lo siento Celia, tengo que madrugar, mañana voy a Guadalajara.

̶Qué casualidad, yo también voy.

̶ Y si vamos juntos en mi coche, prosiguió Quique.

̶ Estupendo.

̶ Te recojo en el hotel.
̶ No casi mejor, me acerco yo a tu garaje, La Castellana es una calle malísima para aparcar. Y yo me puedo desplazar andando, sin problemas.

Quique le propuso acompañarla hasta el hotel, pero Celia insistió tercamente en ir sola.

A la mañana siguiente Quique apareció con su flamante Bugatti en el cruce de Henri Dunant con Padre Damián, Celia no tardó ni dos minutos en aparecer.

¡Qué coche tan chulo! Exclamó Celia.

Nunca he conducido un coche así.

¿Te gustaría probarlo?

¡Claro que sí!

Cuando lleguemos a Guadalajara, te dejo las llaves y vas a tu sucursal con mi coche ¿Qué te parece?

Fantástico, Quique. Lo que voy a presumir con mis clientes, en serio.

Se presentaron en Guadalajara en menos de 30 minutos y tal como le prometió le dio las llaves y se despidieron hasta las siete de la tarde.

Quique se sentó en la “Avenida café”  desde la ventana podía ver llegar en coche a Celia. A las ocho de la noche, no se había presentado, llamó por teléfono y no le contestó. Insistió media hora después y lo fue haciendo de forma progresiva sin obtener respuesta. Llamó a la policía por saber si había habido algún accidente. Agotado de tanta espera en medio de la calle a todo grito dijo con todo el impulso de voz que fue capaz.

¡Hija de puta!

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.