Una decisión

¿Realmente debo decírselo? Era una duda que me golpeaba en la cabeza desde hacía días. Me preguntaba si me exigía a mí misma, una explosión de sinceridad.

Marta admiraba a su marido y estaba, creo yo, profundamente enamorada. Aunque puede haber rincones escondidos que las parejas no muestran al exterior, ni a sus íntimos amigos

Alberto, su esposo, era un hombre apuesto, educado y seductor. Lo conocimos juntas un verano en la clase de inglés. A las dos nos gustaba. Alberto nos cortejaba a ambas, aunque finalmente se decidió por Marta y yo me quedé a la zaga. Con él a pesar de los años y de las circunstancias, siempre sostuvimos un halo de complicidad.

Tengo que confesar que Alberto, aunque era la pareja de mi mejor amiga, me seguía gustando, aún teniendo una conciencia clara de que era un cínico. También ese aspecto negativo de su personalidad me atraía. 

Explicarle a Marta, mi confesión podía abatirla y preocuparla. Ella no tenía conciencia de lo que pasaba a su alrededor. Era demasiado ingenua.

̶ ¡Hola Marta!  ¿Qué tal?

̶  ¿Quieres que vayamos a tomar un café?

̶ Perfecto, me parece una idea genial, cerca de aquí hay una terraza muy agradable.

Nos sentamos alrededor de la mesa. Marta fue la primera en romper el silencio.

Te veo muy seria Eugenia, me dijo.

̶ Fruncí el ceño y sonreí. ¡Qué va! ando distraída, como de costumbre.

¿Qué tengo que decir? Me preguntaba a mi misma. ¿Era absolutamente necesario ser endiabladamente integra?

Marta podía poner el grito en el cielo e irrumpir, allí en la calle al lado de desconocidos, con una escandalosa llorera.

La conocía muy bien desde hace años. Juntas habíamos vivido nuestra adolescencia y juventud.

Mi revelación, sin duda, rompería nuestra amistad para siempre ¿Merecía la pena? A medida que me iba tomando el café mis dudas se acrecentaban. Explicarle mi desliz con Alberto, por una noche de pasión a causa de unas copas de más.  

¿Era necesario, ser tan honesta?  Marta, no entendería este suceso infortunado. Se iba a sentir derrotada y fracasada, no iba a superar fácilmente un doble engaño.

Decidí en ese preciso instante que nunca se lo confesaría.

¿Qué te parece Marta, si después de tomar el café nos vamos juntas de compras?

̶ Estupendo Eugenia, me encanta ir contigo.

En ese momento, fui consciente de que había tomado la mejor decisión.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.