Una cita

En la cafetería había poca gente, Alicia eligió una mesa al lado de un gran ventanal para ir mirando la calle mientras esperaba. Había un agradable aroma de café y de pastas recién horneadas.

̶   ¿Qué quiere tomar?

̶   Un té con leche con azúcar moreno, por favor.

Miró al reloj, eran las once; estaba dispuesta a esperar cinco minutos más de cortesía. No tenía seguridad de que Javier apareciera a la cita.

El camarero dejó el té en la mesa y Alicia abonó la cuenta con la intención de salir rápidamente.

Mientras estaba dando vueltas con la cucharilla en la taza haciendo un sonido metálico, clang, clang. Escuchó

̶  ¡Hola, Alicia!

Levantó la cara y vio a un hombre alto, guapo, con barba, pelo corto y unos ojos verdes intensos. Mostraba una leve sonrisa donde asomaban unos dientes perfectamente alineados y blancos, parecían artificiales, a primer golpe de vista. Indudablemente se parecía a las fotografías de la plataforma y del WhatsApp.  

¿Te importa que salgamos a la terraza? Soy fumador, le dijo con voz grave y varonil.

Alicia con una cara de aprobación, tomó la taza y escogió un lugar donde diera el sol, y se sentaron uno al lado de otro.

Acababan de empezar hablar cuando Javier metió la mano en su bolsillo y sacó un billete y lo volvió a guardar.

̶  ¿Te importa dejarme unas monedas para comprar tabaco en la máquina? No tengo suelto.

A los pocos minutos se oyó, ¡pum!, pum! ¡pum!

̶ ¿Pero qué hace Ud.? ¡Tenga cuidado va a romper algo!

̶ No sale el paquete de Marlboro, creo que se ha atascado la máquina.

Javier apareció en la terraza con un cigarrillo en la boca intentando encenderlo. Ni siquiera tomó asiento.

̶ ¿Nos vamos?

 ̶ Está bien.

Hacia una mañana estupenda y juntos se dirigieron sin rumbo, vagando por la calle. Él no paraba de farfullar. Alicia apenas escuchaba su conversación llena de adulaciones.

Ella le miraba con cierta incredulidad, pero sin mostrar ningún rictus en su expresión. En un momento dado, Javier le agarró de la mano y le pasó el dedo sobre la piel; un escalofrío recorrió la columna de Marta. El tiempo transcurrió rápido.  

̶ ¿Me invitas a comer? Dijo mientras se frotaba los labios con el índice, mirándola fijamente. Hubo un momento de silencio. Alicia quedó perpleja, no sabía qué responder. No estaba en sus planes comer fuera de casa.

Permaneció en silencio unos segundos, sin saber que contestar, resopló suavemente y asintió con la cara.

Javier se aproximó a sus mejillas y rozó suavemente sus labios, como si se tratara de un gesto de agradecimiento.

̶ Vamos a Can Torda, es un lugar delicioso. Te encantará

Siguieron calle abajo hasta tropezar con el restaurante. Un local efectivamente agradable con mobiliario funcional y con gueridones.

Había mucha gente, sin embargo los atendieron rápidamente. Les trataron como unos clientes habituales.

Los colocaron en el centro de la sala, lo suficientemente alejados de los otros comensales para poder mantener una conversación con intimidad.

Por encima del mantel Javier agarraba la mano de Alicia y la miraba con ojos lujuriosos. Ella esquivaba la mirada. Comenzaba a sentirse incómoda, mucho más, cuando notó que entre sus piernas se cruzaban un zapato haciéndose paso.

Intentaba mantener la naturalidad, sin querer trasmitir nerviosismo, apenas podía seguir la conversación de su interlocutor.

̶ ¿Qué te parece, si después de comer, nos vamos a dar un revolcón?

Alicia se levantó bruscamente de la mesa y se fue sin decir adiós.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.