Sin llantos, ni lágrimas

¡Oh, ves! Ya sabes que nunca he podido llorar ¿Me recuerdas con lágrimas en las mejillas?  ¡Eh! Y Pink como si me entendiera, se puso a mi lado y me miró fijamente sin ladrar.

Después de recibir la noticia del accidente de mi marido, entrar en el hospital con Cris, mi mejor amiga, fue terrible.

¿Me tenía que hablar así Cris, en público?  “Amaya, cielo desahógate llora cuanto puedas, no sabes lo a gusto que te vas a quedar” ¡Qué la gente se enterase en la sala de espera del hospital! Fue de un gusto pésimo. Estando enfrente de “Ella, la sin nombre”, y viéndola como lloraba sin desconsuelo, haciendo aspavientos.

¿Qué los de la ambulancia o la policía o quién sabe quién le atendiera en el accidente a mi marido, y que llamaran primero a Ella?  ¡Solo Dios sabe, lo duro que fue! Tenía que mantenerme entera, no me podía derrumbar.

No me chupo el dedo. Estaba segura de que me la pegaba. Lo tenía tragado desde hace mucho tiempo que algo había ¿Cómo me iba a figurar una cosa así? Conocer a la amante de mi marido en esas circunstancias y compartir la sala de espera con Ella.

Me dejó helada ver una mujer mucho más joven y atractiva que yo. Era consciente que había dejado la lozanía de mi juventud con él; del mismo modo que él la perdió conmigo. Todos conocemos que para los ojos de algunas jovencitas, el atractivo de los hombres maduros reside en la billetera.

En casa era un hombre de cáscara amarga. Mira aquel desplante que me dio por haber movido su estilográfica de sitio ¡Vaya! Romper los platos en mi cumpleaños porque no le gustó «no sé qué» ¡Tela!

Luego estaban sus teorías singulares, no quería comprar un buen coche porque el dinero se iba para Alemania o Japón; no hacíamos viajes porque el dinero de la gasolina se lo llevaban los árabes. No me dejaba comprar tonterías porque el dinero se lo embolsaban los chinos.

Tan obsesionado estaba en que retornara el dinero, yo creo que, le hizo tomar la determinación de gastárselo en putas por ser bienes nacionales.

Aunque, a mí me pareció que Ella tenía rasgos extranjeros, no lo sé a ciencia cierta ¡Lloraba tanto!

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.