Sara

Las fiestas de San Prudencio se celebraban la cuarta semana de abril, y duraban cuatro días. Como cada año para Sara era una ocasión especial el 28, uno de esos días míticos por excelencia del calendario. Se reunían todas las amigas, las que vivián en el pueblo y las que venían de la capital. Eran días muy populares en la comarca, el pueblo se llenaba de forasteros y siempre Sara y su pandilla conocían a chicos nuevos que acudían de los pueblos limítrofes. Cada año surgía en el grupo más de un enamoramiento y algún noviazgo. El sueño de cualquier adolescente. 

Alrededor de la plaza del pueblo y en las calles adyacentes se instalaba el mercadillo medieval con grupos de casetas exhibiendo artesanía, y los vendedores iban arropados con vestidos de época, emulando oficios ancestrales y vendían productos artesanales.  

Los feriantes instalaban las atracciones en la ribera del río: la pista de los coches de choque, la cama elástica, el tiovivo, la noria, las tómbolas, y el tradicional carrusel de caballitos. Esta atracción es la que más le apasionaba a Sara desde niña, subir y bajar del caballito. A pesar de haber cumplido ya los quince años, no le importaba montarse en el carrusel y compartirlo con niños pequeños.  

El pueblo durante las fiestas patronales se convertía en un lugar de diversión y bullicio. El centro lo iluminaban con luces fluorescentes con sus diferentes coloridos, adquiría así todo su protagonismo. Conseguían los destellos de luz transformarlo en un lugar mágico. Los bares estaban abiertos desde bien entrada la mañana hasta altas horas de la noche. Durante los días festivos la gente bebía mucho alcohol empinaba el codo sin moderación. A nadie le extrañaba ver a más de un vecino borracho por la calle. Las calles menos iluminadas estaban llenas de vomiteras. Una vez que las fiestas terminaban, la gente dejaba de beber.  

Enfrente del ayuntamiento montaban un escenario con un tablao de maderas engarzadas. Durante las mañanas servía para representar teatro infantil, y por la noche para actuar grupos musicales.

Los artistas y cantantes contratados por el ayuntamiento eran variopintos. Cada día estaba invitado un grupo o un solista de reconocimiento nacional. Igual interpretaban música de pachanga, o los últimos éxitos del año. 

Lo que más le gustaba a Sara y a sus amigas era el baile que duraba hasta bien entrada la madrugada, donde podía conocer y entablar nuevas amistades. Sara bailaba muy bien los bailes latinos, bachata, merengue, y salsa. Dominaba el ritmo y tenía una extraordinaria psicomotricidad.  

Sara destacaba por su altura y belleza. Era una niña tímida. Vestía de forma sencilla con pantalones vaqueros o bonitos vestidos que su madre le cosía. El pelo lo llevaba suelto o recogido con una coleta o trenza. Era la pequeña de tres hermanos varones que por la gran diferencia de edad siempre la protegían. Manuel con el que había convivido más tiempo y el más próximo en edad es el que le había enseñado a bailar. Jacinto y Raúl se casaron cuando era muy niña y tenían ya sus respectivas familias con hijos.

Había nacido cuando su madre cumplió 46 años, y en los primeros meses no sospechó un embarazo. Cuando el médico le confirmó a su madre con una ecografía que tendría en menos de seis meses una niña, fue una sorpresa, y a la vez un motivo de felicidad.

La habían educado como una princesita y en casa nadie al referirse a ella le llamaba Sara, sino princesita o nena. 

La noche del 28 abril Sara y sus amigas estuvieron en la feria. No fueron a casa a cenar porque con lo chuches y bocadillos que comieron se dieron por saciadas.

El los coches de choque conocieron a unos chicos y pronto congeniaron con ellos. Se dividieron en parejas para ir conduciendo y chocando entre ellos. Reían a raudales. Sara lo compartió con Íñigo , y desde el primer instante notó que aquel chico le hizo “cruch”.

A las diez se fueron a la plaza a bailar. Sara e Íñigo parecían una pareja perfecta empezaron a bailar merengue. Íñigo la sostenía de la cintura con la mano derecha. Sara movía las caderas de izquierda a derecha lo que provocaba que el vestido se levantara levemente haciendo círculos con el aire. La trenza se movía a ritmo de la música. La gente empezó hacerles corro a su alrededor. Sara se sentía apabullada con el ritmo de la música al son del baile. Por un momento se vio transportada a otro planeta.

Sus amigas desde uno de los extremos del círculo le hicieron un gesto para indicarle que debían marcharse haciendo alguna . Sara les hizo un mohín, mostrándoles que no quería irse. Ellas insistieron, pero fue en vano. Quería bailar, bailar, bailar. Lo estaba pasando maravillosamente bien. 

Al poco rato aparecieron los padres de Íñigo para buscarlo. Lo siento Sara, me tengo que marchar me han venido a recoger. Solo tengo 16 años, no tengo edad para poder conducir. ¿Me gustaría seguir viéndote? ¿A ti te apetece? Claro que sí. Entonces nos vemos el próximo domingo a las 12 en la plaza. De acuerdo. Íñigo le dio dos besos en la mejilla y se fue. 

Sara dejó el baile y se dirigió a su casa, iba andando por la calle canturreando y contorneando las caderas con las últimas canciones que había oído. En un momento, notó unos pasos cercanos. No había nadie por aquella calle y estaba ligeramente oscura. Aceleró el paso. Un fuerte tirón de su trenza, le retuvo. Un hombre desconocido la agarro fuertemente del cuello y le atrajo hacia él. Le mordió los labios para que no chillara, casi no podía respirar. El bigote cercano a su boca y el olor de aquel hombre le daba náuseas. Su fuerza le arrastro hasta la pared, la empujó y le levantó el vestido con furia. No podía gritar. Estaba inmovilizada. El hombre le rompió las bragas de un tirón.  Sintió un fuerte e hiriente dolor lacerante entre sus piernas de tal intensidad que perdió el conocimiento. 

Sara despertó en la cama de un hospital. El informe médico decía: Herida incisiva en periné con trayecto hasta el esfínter anal acompañado de múltiples desgarros en la vagina que llegan al tercio inferior de la pared anterior. Tres puntos de sutura en la boca y labio inferior, laceración en la lengua y lesión contusa en el cuello  

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

2 comentarios on «Sara»

  1. Alison dice:

    Para cuando la novela????

    1. Me queda un larguísimo camino por recorrer

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