Clohe

La mente de Chloe era un desorden, como lo era su armario o sus bolsos. No gozaba, o así lo creía ella, de una inteligencia brillante.

Aunque en algún momento deseó ir a la universidad, lo descartó. En clase sus notas no pasaban aprobados. Alguna profesora, le había hecho sentir estúpida. Sin decírselo. Esa sensación la tenía incrustadas en su ADN.

Padecía insomnio, por las noches se balanceaba de un lado a otro entre las sábanas frías de algodón. Para entrar en calor, movía los pies arropados con calcetines y hacía que el jergón de la cama metálica chirriara. El viento se colaba por las ventanas y silbaba como un rugido de serpientes. Las persianas de madera se movían como si repicasen acompasadas rítmicamente contra el alfeizar. El pavimento de baldosas no mantenían la uniformidad y hacia que los muebles bailaran. El tintineo y el crujido de la madera de los muebles producían unos sonidos semejantes a las cueras de un violín desafinado. Todos estos ruidos unidos le asustaban mucho. 

Una noche que no la olvidaría nunca, le dejaría una huella indeleble.  La recordaba fielmente como si de un fotograma se tratase. En plena oscuridad de pronto notó que le acariciaban la cara, se llevó las manos a los ojos para comprobar que estaba despierta. Lo estaba. A diferencia de otras veces, no tenía pánico. Reconoció la mano de su abuela Lucrecia que había fallecido hacía un año. Un fantasma hecho realidad. Una mujer enjuta, alta con pelo blanco sujeto con un moño redondo colocado en lo más alto de la cabeza, lo que le proporcionaba una figura más esbelta.

La anciana se acercó sutilmente y le expresó al oído, cariño levántate. Necesito decirte algo. La cogió dulcemente de mano y se fueron hacia ventana subieron la persiana que estaba enrollada con un cuerda y se posaron en el alfeizar. Mira Chloe, le dijo su abuela, agarra con fuerza todos tus temores, ansias, miedos, inquietudes, y tíralos al río para que la corriente se los lleve para siempre.

Vive la vida con pasión. Te arrancará lágrimas. A veces, te romperá el corazón. No dejes que nadie,  te robe ninguna ilusión. Nunca pierdas la esperanza. Detrás de la lluvia siempre sale el arco iris.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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