El universo de Olga

Como cada mañana a las siete en punto sonó el despertador de Olga, ya llevaba media hora con los ojos abiertos, pero no se había levantado porque estaba cansada. Llevaba años con insomnio, a veces tomaba algún somnífero y lo dejaba porque le hacía efecto solo un tiempo limitado.

Fue entonces en aquellas interminables noches cuando empezó a escuchar la radio de madrugada entre las sábanas, y se aficionó a los programas del corazón.

Olga trabajaba como auxiliar de notaría transcribiendo en el ordenador, testamentos, escrituras y diferentes informes. Aunque lo hacía con gusto y profesionalidad. Con los años se había vuelto una labor monótona y cansina.

Vivía sola en un pequeño ático en el centro de la ciudad, decorado con pocos muebles de estilo minimalista. Tenía pocos adornos, alguna lámina aislada colgada en la pared. Para el sofá y cortinas, había elegido telas de colores neutros, alternando los tonos blancos rotos con cremas. Una combinación que aportaba calor y sensación de confort.

Una de las habitaciones la tenía decorada con una gran librería que ocupaba las cuatro paredes, en el centro había colocado un sofá orejero acompañado de una lámpara de pie arqueada. Este lugar era el preferidos de Olga. Le gustaba leer y con los años había adquirido una gran colección de libros y diccionarios.

Había días que notaba una soledad desmedida que se manifestaba como una sensación muy desagradable de malestar indefinido que se apoderaba de ella. Era con una dolencia que subía de los pies a la cabeza junto con un frio glacial que no conseguía quitar por mucha ropa que se pusiera. Esto le podía ocurrir en cualquier época del año. No podía controlarlo.

Salía muy poco no le gustaba ir al cine, ni al teatro ni a conciertos. No tenía amigas, solo se relacionaba con sus compañeros de la notaria y algún vecino que saludaba en el ascensor. Su fobia social procedía desde la infancia.

Había nacido con una pequeña malformación congénita en el pie derecho, un pie zambo. En la infancia, durante años, había llevado una bota con hierros. Por este motivo en el colegio había sido el hazmerreír de alguna compañera. Algo que le había marcado profundamente y que no lo había superado con la edad.

De aquella lesión, ahora que tenía 38 años, solo le había quedado como secuela la imposibilidad de llevar zapatos de tacón. Olga era una mujer que media 1,68 metros de altura, para cualquier otra chica, no hubiera supuesto ningún problema. Para ella, el recuerdo de su infancia unido a su extremada timidez había sido un hándicap para relacionarse.

Una de las noches de insomnio, oyendo el programa de radio sobre el corazón, se le ocurrió llamar por teléfono a la emisora. Se inventó que tenía un novio que se había ido a Nueva Zelanda por motivos de trabajo. Preguntaba a la audiencia que podía hacer para que Jorge, su novio, no le olvidara. Olga lo relató con tal emoción que hubo muchas respuestas en antena.

Entre los consejos que le dieron, uno de ellos cayó muy hondo en su mente. ¿Por qué no le escribes cada día? Cuéntale todo lo que te ocurre y todo lo que pasa en este país. Darle noticias, facilitará que no te olvide.

Al día siguiente Olga escribió una carta a Jorge y lo fue haciendo diariamente hasta el final de sus días.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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