Nicolás

El dormitorio estaba oscuro excepto la zona de la mesa de estudio que la iluminaba la bombilla del flexo. Nico repasaba los apuntes de clase y los subrayaba en el ordenador con diferentes colores.  Menos mal que Ricardo estaba en la cocina. Tenía que concentrarse para el examen y necesitaba estar cómodo con las zapatillas, las mangas de la camisa remangada y las gafas.  A diferencia de Ricardo, su compañero de piso, Nico precisaba silencio para concentrarse.

De repente, sonó el teléfono, con un ruido estridente. Estaba tan abstraído en la lectura que se sobresaltó.

-Sí, ¿dígame?

 ─Hola, Nicolás soy mamá.

─No esperaba tu llamada estas horas, le dijo mientras consultaba el reloj.

─Quería darte una sorpresa. Hijo mío, tu padre ha encontrado una academia para que prepares las oposiciones de Notarias, y ya ha hecho la solicitud.

Nico estiró los brazos.

─¡Mamá, si todavía no he terminado Derecho!

─Sabes, tan bien como yo, que terminarás con notas brillantes.

Ya volvía de nuevo con aquello. ¿Cuántas veces lo había escuchado?   

─Murmuró después de un corto silencio pero sí no tengo claro que quiera opositar.

─¿Qué quieres, terminar como un picapleitos como tu padre?

─ Mira, son las nueve de la noche y todavía está en el despacho.

─Mi niño, ¿Qué tal comes?

─Tranquila, mamá, Ricardo es “un cocinitas”. Pierde más tiempo preparando menús que estudiando ─Por cierto, cambiando de tema, pensaba ir este fin de semana.

─Estupendo, reservaré una cancha de tenis y luego comeremos en el club.

 ─Mejor no. Tengo otros planes. Ya os contaré.

─De acuerdo. Conduce despacio.

─ Adiós, mamá, hasta el viernes.

 “Maldita sea. Otra vez. ¿Cuándo voy a decírselo? No ha de ser tan difícil: “tengo novia, mamá”. Este fin de semana, sin falta  No, mejor una sorpresa, sin tiempo a que reaccionen. ¿Les caerá bien Maica?

─ Ricardo, previo a un golpe seco en la puerta, entró directo en su habitación.

─Macho ¿Qué haces aquí casi a oscuras? Y sin más, encendió el interruptor.

─ Estudiando el parcial que tengo el jueves.

─ Joder tío, exclamó Ricardo alzando la mirada, tienes la habitación en orden, los vaqueros colgados en la percha, la camisa abotonada y planchada, pareces una “Marujita”. Solo te falta el rulo de tu frente.

─¿Pero tú te has visto con ese delantal de flores que llevas? No sé quién de los dos es un “Marujita”.

─Podríamos pasar por “lesbis”:

─¿Quién te ha dicho que han de ser amas de casa?

─Entonces ¿Quizá por gais?, te gusta más “Ricardito».

─¡Que idioteces dices!

─Cualquier cosa podría ser si no fuera porque se nos empina la torre más de la cuenta, viendo una tía buena.

─Por cierto, no me has dicho nada de ese bellezón con quien te paseas por la “facu”. ¿No te estarás enamorando, morenazo? Porque nos faltan muchas correrías juntos. Te necesito de compañero de armas, contigo ligo mucho más.

─Qué va, Ricardo, nada de nada. Si ni siquiera era capaz de decírselo a Ricardo.

─Vamos a cenar, Nico. He preparado una lubina con emulsión de piparras y para el postre un pastel de hojaldre. Te vas a chupar los dedos

─Joder tío, vamos a ver qué nota te pongo.

─Seguro que será mejor que la que me dieron en Procesal.

Continuará si os gusta…


Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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