Nicolás. Parte 9

(Continuación)

Nico abrió los ojos, se despertó con los primeros rayos de sol, lamió la espalda de Maica ¡Era increíble! Se quedó tendido en la cama observándola ensimismado estaba dormida con el pelo revuelto. Unos mechones negros caían sobre su cara desordenadamente. Tenía una sonrisa preciosa, emergía como una sirena desde las sábanas y sus manos pequeñas aparecían extendidas en la almohada.

A su lado, Nico sentía una sensación de placidez muy agradable. Le hipnotizaba aspirar el olor de la mujer que tenía a su lado. Mirándola perdía la noción del tiempo. No encontraba palabras para describir la emoción que le producía aquella imagen que le quedaría grabada en su mente durante toda su vida.

En realidad, Maica no cocinaba como Ricardo, ni preparaba platos exquisitos y complicados, tal como le había asegurado. Pero su carne a la plancha y sus ensaladas eran riquísimas.

Al principio Nico, hombre dócil, estaba a las órdenes de Maica en la cocina, poco a poco fue tomando sus propias iniciativas. Se divertían y cantaban mientras cortaban las verduras y guisaban. Fluían las conversaciones y charlaban de forma distendida tanto de temas serios como triviales.

Nico se especializó en lenguado a la plancha y en lavar la vajilla. Maica en poner la lavadora, tender y barrer. Nico siempre se encargaba de la plancha era la labor doméstica que más le gustaba.

Tenían un ritual establecido de tareas domésticas, no necesitaban más para divertirse. Las cosas cotidianas y sencillas las convertían en magia. Los sábados se dedicaban a ir al mercado, ordenar y limpiar la casa. Les gustaba ir a la plaza de abastos para elegir, las frutas y verduras. Todas las semanas compraban rosbif que le encantaba a Maica y varias latas de foie-gras para Nico, casi se podía decir que era un adicto. Muchos domingos, no salían a la calle, se despertaban tarde sin levantarse de la cama se desperezaban lentamente y se tocaban los cuerpos desnudos, se dejaban llevar por las pasiones. Tenían sexo en todas las versiones y posturas. Terminaban siempre pegados el uno al otro como lapas y enroscados como serpientes.

─Desde que duermo contigo en esa cama tan pequeña, paso mucho calor. ¿Qué te parece si traemos el colchón de Joanna y junto al tuyo y los colocamos en el suelo?

─Me parece una idea genial. Así dormiremos con más holgura. Nico agarró el colchón y sin mucho esfuerzo lo puso en el suelo, luego colocó el otro. Maica cogió una sábana bajera grande y la ajustó a los dos colchones. Puso por encima de las sábanas una colcha de rayas blancas y grises ─ ¿A qué queda muy bien, Nico?

La atrajo hacia sí, y, allí mismo, la besó. Con el contacto con su boca, notó como su pene, en pocos segundos, se había puesto más duro que el cemento armado.

─¿Y si lo deshacemos juntos con un buen revolcón? ¿No tuvo tiempo de esperar la respuesta afirmativa? Maica ya estaba tumbada en la nueva cama. Al fondo de la estancia se escuchaba “Connected by love” y Nico la tatareaba

(Continuará)

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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