Nicolás. Parte 12

(Continuación)

Eran las ocho de la noche cuando Nico estaba absorto recordando aquellas palabras de su madre que le habían dejado acongojado. Nunca la había visto tan enfadada, declamó en un monólogo interior, tengo que ir ese fin de semana a casa, y hablar con ella para aclararle mis deseos. Decirle que mis planes futuros son estar con mi novia y quedarme en Zaragoza y nada de ir a estudiar unas oposiciones a Madrid.

Estaba solo agobiado pensando en la habitación en semipenumbra. Así es como se lo encontró Maica al entrar en casa.

─¿Hola Nico, te pasa algo? Encendió la luz y vio su cara pálida.

Nico con mirada extraviada se dirigió a Maica y se topó con los ojos verdes que parecían aguardar su respuesta ─Mi madre me ha llamado

─ ¿Y que tiene eso de particular?

─Quiere que vaya a Huesca sin falta este fin de semana.

─Pues vamos.

─Mejor voy solo, creo que se acerca un vendaval. Intentaba guardar cierta compostura, sin que su novia notara su preocupación.

─Me imagino que se ha enterado que vivimos juntos.

─No lo sé.

Nico calló por un segundo pero no sabía bien manejar los silencios y enseguida prosiguió.

̶¿Nunca cuestionas lo que te dice u opina tu madre? Le comentó Maica Debíamos habérselo dicho desde el primer día. Es un absurdo vivir a escondidas y más con los proyectos que tenemos juntos de boda y trabajo.

En ese momento, Nicolás calló. Necesitaba ser amado y aceptado en su búsqueda de reconocimiento y de satisfacer a su madre y a su familia.

̶No te preocupes Maica, voy este fin de semana y hablo claramente con ellos. Todo va ir muy bien, vete sacando los billetes y preparando el viaje a Paris para cuando vuelva.

El domingo 14 de julio en la casa familiar, Nico estaba sentado en el sillón orejero frente a su hermana Laura que tenía un gesto de niña indefensa de maneras torpes y desvaída. Tenía la cabeza baja no la veía bien y parecía que miraba al suelo o quizá tenía los ojos cerrados.

Había un silencio tenso y agobiante que corta el aliento. Miró cada uno de los muebles dominados por sombríos presagios que decoran aquel salón con mobiliario elegante y desde mi punto de vista estrepitosamente feo. No habían cambiado los muebles desde su infancia. La lámpara de pie de arco, la mesita redonda de madera revestida de mármol de traventino donde reposaba una piedra horrible de amatista. El aparador con puertas de cristal donde se veía la vajilla de porcelana y la cristalería donde se conservaban algunas piezas de su abuela materna.

Mi padre estaba de pie mirando al suelo, apoyado en el aparador adornado con los dos candelabros decimonónicos de plata colocados a los extremos que posiblemente habían llegado allí procedentes de alguna herencia. Unos portarretratos de la familia, de los abuelos y otro de los dos hermanos con sus padres cuando eran pequeños completaban la imagen.

Mi madre sentada en el sofá colocado frente a la librería repleta de libros que ocupaba una esquina de la estancia. Rehuía mis ojos y miraba hacia la mesa de comedor colocada en la parte central rodeada de sillas, sobre una alfombra gris. En las paredes colgaban los mismos retratos al óleo de paisajes de naturaleza pintados por ella cuando tenía veinte años.

La disposición de la familia en aquel salón constituía un ritual previo cuando se avecinaba una tormenta de sentimientos.

(Continuará)

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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