La mentira

Esa mañana de otoño en Barcelona se filtraba un tímido rayo de sol desde la ventana que le incidía directamente en los párpados, lo que le hizo moverse entre las sábanas y cambiar de postura. Abrió los ojos cuando escuchó el saludo cotidiano de los buenos días de Alexa. Comprobó un día más que estaba en el mundo de los vivos.

Miró, todavía aturdida, hacia la mesilla de noche donde tenía enchufado el teléfono móvil. Lo cogió y se lo acercó para leer la pantalla, vio dos mensajes de Marta en el WhatsApp. «Estás despierta» Decía el primero, y a continuación. «Llámame de inmediato» en cuanto puedas Le sorprendió que estaban escritos de madrugada, lo que hizo que Magda se incorporase de la cama con rapidez.

Miró al reloj eran las ocho de la mañana ¿Serviría de algo llamar después de tantas horas de espera? Acto seguido sin esperar marcó el número de teléfono.

̶¿Qué te pasa? Marta

-Es algo estrictamente personal ¿Te llamé de madrugada porque quería pedirte un gran favor?

̶ ¿Para pedirme un favor me llamaste a las tres de la mañana? Pensaba que te había ocurrido algo grave.

̶ Me ocurre, respondió con voz baja. Anoche después de unas copas, Pau y yo nos quedamos dormidos y no volví a casa. Le he dicho a Enric que estuve contigo toda la noche en el hospital y que me he ido directa a trabajar. Así que, si te llama por cualquier cosa, recuerda que fuimos juntas a urgencias.

̶¡Pero en que lío me estás metiendo! Sabes muy bien que no sirvo para mentir.

̶Si no lo haces, se va a destruir mi matrimonio.

̶Después de unos minutos de silencio…dijo: OK; no fue capaz de dar otra respuesta.

Mentalmente repasó los recuerdos de aquella tarde de septiembre cuando miraba un escaparate en Vía Augusta, y se encontró de frente a Marta agarrada a un tío saliendo de la tienda de Gonzalo Comella. Marta vestía como una loca jovenzuela, embutida en unos viejos vaqueros y un jersey que empezaba a descoserse por los puños, mientras su acompañante, un individuo maduro llevaba un traje clásico impoluto con tonalidades brillantes.

̶Sin bajar la mirada comentó Marta, sin ningún rubor, es Pau. ̶Encantada, respondió un poco turbada Magda mirándolo inquisitivamente, mientras estiraba la mano para saludarle.

¡Que jeta tiene esta tía! Paseándose con el amante.

Intuyó que él le llevaba más de veinticinco años ¡Que le habrá visto de especial! Seguro que se alimentaba con pastillas azules.

Enric era uno de sus mejores amigos. No le entraba en la cabeza por qué diablos se había dejado involucrar.

Pisó el suelo con los pies descalzos y se inclinó hacia adelante mientras se incorporaba de la cama. Se dirigía a la cocina cuando de repente sonó el teléfono. Echó un vistazo a la pantalla. Era Enric. Dejó que resonara el ring, ring.

 

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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