La larga historia de Victoria. Parte 1

Las campanas tocaban y anunciaban la misa de difuntos, se oían por toda la aldea y en los campos limítrofes. El veintidós de junio caía un sol plomizo sobre los tejados de pizarra. La abuela Faustina estaba en cuerpo presente con unas cinco plañideras alrededor. Cuatro hombres vestidos de negro con trajes raídos por el uso, cerraron la caja y la llevaron a hombros hasta la iglesia. En los primeros bancos los vecinos Raimundo y Paca, tres meapilas de la aldea y detrás eran pocos los que estaban.

Victoria contuvo las lágrimas valerosamente, no escuchaba el sermón, ni los acordes del órgano, miraba al sacerdote con una casulla lila que subía y bajaba las manos y hablaba de la difunta. ¿Qué sabía él de su abuela? De las penurias que habían sufrido. Nada absolutamente nada.

No tenía ningún fervor, detestaba los ritos litúrgicos y las parrafadas de misas de difuntos que los curas y los monaguillos ofrecían, no le servían de consuelo.

Ahora la imagen que le venía a su cabeza era la última de su abuela con su moño blanco y su delantal negro comiendo en la cocina un huevo frito mientras hablaban.

─ ¿Hay ratones abuela?

─ No, ¿por qué lo preguntas?

─Vi una caja de veneno en el suelo de la alacena.

─ ¡Ah! es una caja vieja. Aquí en el campo siempre hay que tenerlas a mano.

No le pareció que la caja fuera vieja, el cartón estaba nuevo y parecía recién cortada con el cutter, pero Victoria no añadió ningún comentario.

En su fuero interno estaba tratando de contenerse estaba desesperada. Había sido ¡horrible! ¡horrible!, en el primer momento el cadáver le aterró, luego ya más serena pensó, nadie lo tenía que sospechar. Con cuidado y esmero había limpiado los vómitos y cambiado de ropa a su abuela. Temía que si se daban cuenta, le dieran sepultura fuera del camposanto.

Faustina era una mujer callada, reservada. El médico le había diagnosticado hacia una semana un linfoma y que le indicó que debía ir al hospital. La abuela se sentía vieja y enferma tenía claro que a los 83 años ya no era momento de que le trataran de ningún cáncer, y mucho menos en el hospital. Moriría en casa en su cama.

Lo que no comprendía Victoria es por qué no se había despedido de ella ¿Algo más sucedía? ¿Qué era?

Su madre no había ido al sepelio porque dijo que no llegaría a tiempo y que era un viaje muy largo. Pero… ¿habrase visto! Comportarse así. Recapituló mentalmente y pensó con amargura que tenía que haber una razón más que no acababa de entender, ni comprender el suicido de su abuela, y el comportamiento de su madre. Estaba en su derecho a descubrirlo.

Recogió toda la ropa del armario y recuerdos, sin tocar ningún papel, excepto una fotografía que se la guardó en la maleta. Lo quemó todo en el jardín, por si algún día volvía aquella casa.

Padecía terrores nocturnos y le habían dicho que si abandonas una casa con ropas del difunto puede volver por las noches en forma de fantasma. Cerró el portón de casa y con maleta en mano emprendió el camino. No tenía parientes ni nadie a quién pedir ayuda, excepto a su madre. Iría a Burdeos en su busca, sin esperar a que la invitara.

El edifico estaba construido de piedra porosa, había ventanas sin balcones. Confirmó la dirección que llevada escrita “Rue de la Guirauton 10. La puerta de la calle estaba pintada de gris. La caja de timbres dorados colocados a la izquierda. Llamó a la 3º derecha, resonó como un gong y espero a que le contestaran, insistió de nuevo

¿Bon après–midi, qui appelle?

 Soy Victoria, la hija de Herminia.

─¡Oh mon diéu¡ ¡Allo, allo! Monter les escaliers jusqu’au troisième étage.

Subió las escaleras bastante deprisa, presa de una agitación interior. Cuando llegó la puerta estaba abierta en el umbral una mujer, que no conocía, aparentaba treinta o treinta y cinco años con el pelo con greñas recogido por una pinza. Victoria no se podía imaginar lo que iba a encontrar al cruzar aquella puerta.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.