La larga historia de Victoria. Parte 6. Final

Confirmar la muerte, aunque esperada a Victoria le produjo una sensación de malestar general. Tenía, náuseas y ganas de vomitar. Ya no lloraba. Miraba a Teresa como una gran desconocida ¿Se preguntaba cómo había ido a dar allí? En la despedida le había llamado madre y fue consciente que no le dijo: te quiero. Emocionalmente se sentía desequilibrada.

Esa noche Teresa, Colette y Victoria velaron a la difunta. No había lágrimas en ninguna de las tres, se habían agotado a lo largo de los días, sus rostros estaban secos y tristes.

─Colette preguntó ¿Cuándo serán los funerales?

Inmediatamente respondió Teresa ─Hortensia era agnóstica y no practicante.

─Alguna vez, ya que erais pareja, pudisteis hablar de la muerte y de sus deseos.

─ Si, claro dijo balbuceando Teresa. Hortensia hizo hace unos años un testamento vital para la donación de órganos.  Así que su cuerpo se quedará en el hospital.

─Dirigiéndose a Victoria, le dijo disculpa, siento que te hayas enterado así y ahora. Desde que llegaste tenía en la mente decírtelo, pero francamente en todo este tiempo no he encontrado ocasión.

─Uff, lo siento ─dijo Colette, daba por sentado que Victoria lo sabía.

─En serio, no os preocupéis, me lo suponía desde el primer momento que las vi juntas. Es cierto, no lo sabía, como no sé tantas y tantas cosas que han ocurrido en mi infancia y en mi corta vida. Mi madre, me explicó algunos interrogantes que me habían torturado desde que tengo uso de razón. Hubiera necesitado más respuestas fue poco tiempo el que estuvimos juntas.

Colette y Teresa guardaron silencio sin hacer ningún comentario. Victoria pensó que era mejor así ¿Podrían entender que una mujer por el hecho de parir un hijo, no lleva implícito el deseo de quererlo? ¿Cómo explicar que unos ritos religiosos pueden alejar unos padres de su hija y odiar lo que ha engendrado? No necesitaba saber más, ni explicar más. Las circunstancias de su vida eran de su propia intimidad para no compartirlas con nadie.

Victoria rompió el hielo. ¿Qué os parece si pasado mañana os invito a comer? Es mi cumpleaños y me apetece estar con vosotras para celebrar mi mayoría de edad. No debemos guiarnos por la tristeza, mi madre cumplió ya su recorrido por la tierra.

─Tienes razón respondieron al unísono Teresa y Colette.

Prepararé una comida vasca típica: un marmitako y una pantxineta de café y cacao.

─ No sabía que el dieciséis de agosto era tu cumpleaños, tu madre nunca me lo dijo.

─Normal Teresa, raramente mi madre me felicitó para mi cumpleaños o lo olvidó o fue una fecha que no deseaba recordar ─Cambiando de tema. Algo bueno que heredé de mi abuela fueron los secretos de la cocina vasca ¡Os vais a chupar los dedos!

─¡Oh qué bien! De aquí en adelante podremos comer comida española, al menos, en las celebraciones ─comentó Colette.

─Lo siento, no podrá ser así. El domingo tengo decidida mi vuelta a Euskadi y no me voy a quedar en Burdeos. Encontré algunas respuestas. Tengo que crear mi propio nido y extender mis alas.

─No quiero perderos, vuestra amistad es el legado que me ha dejado mi madre y voy a conservarlo. Se cruzaron las miradas, y las tres mujeres se fundieron en un gran abrazo.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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