La larga historia de Victoria. Parte 2

─Soy Teresa la amiga que vive con tu madre, pasa, pasa.

Victoria entró jadeante por el esfuerzo de la subida por las escaleras. Dejó la maleta en el recibidor y siguió a Teresa a lo largo del pasillo. A la derecha había una habitación con la puerta entornada, le ofreció a que entrara.

Era una habitación con pocos muebles, un armario, una mesilla y una cama en una pared un ventanal por el que entraba un hilo de luz. A la derecha pegada a la pared estaba la cama donde estaba postrada su madre. Parte de la cara la tenía tapada con el rebozo de la sábana y dormía profundamente, no se atrevió a darle un beso, solo le tocó una mano muy suavemente ¡Ardía!

Salió muy despacio como si temiera despertarla y le preguntó a Teresa

─ ¿Qué le ocurre? Le preguntó Victoria

─Lleva enferma varios días le he dado un antitérmico y le voy insistiendo que vaya al hospital, pero no me hace caso. Parece como si tuviera miedo.

─Es de herencia familiar, a mi abuela también le pasaba.

─Cuándo despierte se pondrá muy contenta de verte. Me ha hablado mucho de ti, y siguió ─¿Qué te ha traído por aquí? No me han dicho que ibas a venir.

─ No lo sabía, mi abuela acaba de morir.

─Lo sé, lo sé.

─He cerrado la casa de la aldea y tomé la decisión de venir a vivir con mi madre. ¡No sé lo que piensa ella!

─Le vendrá muy bien que estés aquí, Victoria. Lleva una temporada regularcita. No se encuentra bien, pero por no perder el trabajo en la fábrica ha ido tirando y creo que ha empeorado. Tienes que convencerle que vaya al médico.

─ Lo haré.

─ ¿Supongo que tienes hambre? Ahora preparo algo en la cocina. Cenaremos juntas y hablaremos de tus proyectos.

─ ¿Qué tal vas de francés?

─Entiendo un poco, apenas pronuncio cuatro frases.

Teresa era una mujer cordial, simpática y muy dicharachera. Había omitido dar ninguna opinión sobre la aparición repentina de Victoria y de sus proyectos de quedarse a vivir allí.  

Mientras cenaban le comentó, conozco a tu madre hace cinco años, somos compañeras en la fábrica de conservas y coincidimos en la misma sección. Ahora estamos en turnos diferentes yo trabajo por la mañana y ella en el turno de noche. Lo eligió porque estaba más remunerado.

Entre el dinero que os enviaba, y los gastos de casa no le sobraba mucho para ahorrar. Su ilusión era traerte aquí cuando pudiera y tener un apartamento para vosotras dos solas. De momento no lo había conseguido.

Este último año ha faltado mucho en la fábrica y ha hecho muchas bajas por enfermedad. El mes pasado vio le habían reducido el sueldo y teme que le puedan rescindir el contrato.

En ese momento se oyó una voz desde la habitación de Herminia. Se acercó Teresa y sin esperar a saber lo que quería le dijo: tengo una grata sorpresa para ti ¡Mira quién está aquí!

Por un segundo las dos madre e hija se miraron en silencio, como reconociéndose.

─¡Victoria!

 Se quedó sorprendida, boquiabierta. Estaba sonrojada y parecía agotada 

─ ¡Hija mía! Qué grata sorpresa.

Unas lágrimas asomaron por su tez sonrojada y los labios temblorosos. Intentó incorporarse, pero las fuerzas le fallaron. Ambas se abrazaron con fuerza, hacía más de dos años que no se habían visto. 

Victoria notó unos latidos violentos y acelerados en su corazón, miles de recuerdos cruzaron su mente.

─Mamá sigues muy caliente, tienes mala cara.

─Te voy a llevar al hospital, Teresa nos acompañará. No temas estoy aquí para cuidarte.

Herminia hizo un gesto de aprobación.

Acudieron al Hospital Universitario de Burdeos (CHU), como suponían quedó ingresada. Les dijeron que no les darían noticias hasta por la mañana. Se volvieron a casa en silencio.

─Tú madre se pondrá bien, ya lo verás.

─Prefiero no pensar, Victoria tenía muchas emociones acumuladas. Estaba realmente agotada.

─No has llegado en el mejor momento, sinceramente Victoria. Pero dejemos las tristezas para otro momento. Voy a preparar el sofá cama para que puedas dormir esta noche. Tienes que estar muy cansada.

Nada más tumbarse en el sofá se durmió.

El sol iluminaba las calles, le despertó la luz que entraba por la ventana, miró desconcertada, esta duda la tuvo durante los primeros segundos. Toda la casa estaba en silencio. Corrió las cortinas para que entrara más luz y se sentó en una silla tapizada de azul.

La maleta medio abierta estaba en una esquina de la habitación, las paredes estaban pintadas en azul claro y como mobiliario además del sofá había una mesa cuadrada y unas sillas de madera tapizadas. En el techo colgaba una pequeña lámpara.

No era un día como otro cualquiera, estaba en un país extraño, en una casa desconocida y su madre hospitalizada ¡Qué le dirían los médicos! Esperó a que llegara Teresa mientras se preparaba un café.

─He preferido no despertarte estabas muy cansada, vengo del hospital tu madre está con una septicemia en cuidados intensivos. No te preocupes es por está por prevención, allí hay más vigilancia. Se pondrá bien.

Todos los días nos llamaran para informarnos y una vez que esté en planta podremos visitarla a diario y tú te podrás quedar con ella. Estos días te presentaré a Colette y veremos donde puedes ir a clases de francés para que te puedas desenvolver tú sola.

Colette era hija de emigrantes españoles, vivía en el primero izquierda tenía veinticinco años. Estaba casada con un rumano y tenía una hija de dos años.

Desde que fueron a vivir a ese edificio Teresa y Herminia enseguida se hicieron amigas de Colette. Aprovechaban cuando estaban juntas con ella para hablar español.

─Ya verás cómo nos ayuda, dijo Teresa no será ni la primera ni la última vez que lo haga, nos quiere mucho.

Llamaron a la puerta de primero izquierda, se oía una música de fondo, “Une femme amoureuse”, por MIreille Mathieu . Al abrir la puerta apareció una chica risueña bajita y delgada de rostro rosado, pelo y cejas muy castaño claro con un jersey verde claro y nos pantalones cortos beige.

─Hola, Teresa

─Hola, Colette, te presento a Victoria la hija de Herminia. Ha venido para instalarse con nosotras.

─ ¿Cómo está Herminia? Ingresada en el hospital, de eso te venía hablar. ¿Podrás hacerte cargo, mientras que yo estoy en la fábrica? No conoce bien el idioma.

─Por supuesto querida amiga, me ocuparé de ella estoy mucho tiempo en casa con mi niña, practicaré con ella el español y podré ayudarle a ir a migración y los servicios sociales para que vayan arreglándole los papeles. Ya sabes que son muy farragosos. Tengo experiencia lo he hecho en más de una ocasión.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.