La vida continúa sin detenerse

Sentada en un banco del molino San Julián, Mónica miraba la hilera de choperas que se balanceaban con el viento. Acababa de empezar a chispear, pero era tan sutil que el agua que caía de la lluvia no molestaba.

El aire alborotado iba y venía de izquierda a derecha, haciendo remolinos, conseguía con su fuerza mover las hojas de los árboles produciendo más que un ruido molesto, un sonido musical armónico.

La tierra del suelo estaba todavía seca, pero las pequeñas gotas de agua que iban cayendo impedía que el aire levantara polvo. Se empezaba a perfumar el ambiente del olor a tierra mojada. Mónica, trataba de respirar profundamente, intentando que sus pulmones se expandieran, inspirando y expirando lentamente. Quería que las imágenes y sensaciones traspasaran más allá de su mente.

Mónica, estaba perdiendo la vista paulatinamente. El doctor se lo había diagnosticado, hacía unos años, un glaucoma. Una tarde de junio en su última revisión sin ningunos ambages le dijo: Mónica tu glaucoma va avanzando progresivamente, no puedo predecir el tiempo exacto, pero pronto perderás la vista totalmente y te quedarás ciega.

Conviene que te vayas preparando para que te enseñen a valerte por ti misma es muy importante que comiences ya, y no lo demores más.

Sé que hasta ahora has procurado disimular en lo posible tu enfermedad y que solamente tus allegados la conocen. Se te está acabando el tiempo ¿Me entiendes? Mónica hizo un gesto de afirmación con la barbilla. Estaba queriendo evitar que las lágrimas asomaran por su rostro, dos de ellas se escaparon. Se le formó un nudo en la garganta que le impidió hablar.

No era una noticia nueva, conocía su enfermedad y sus consecuencias, esperaba que el tiempo hubiera sido un poco más generoso con ella ¡Solo tenía treinta años!

Aquel día sin dilación tomó la determinación de vivir la realidad que le había tocado. Sin miedo, sin autoengaños, sin cuestionarse si era joven o no. Nunca más volvería a preguntarse por qué el destino le había elegido a ella.

Las obras de teatro que cada día le mostraban sus ojos estaban llegando al final. Pronto caería el telón y las puertas del teatro se cerrarían definitivamente. Todo quedaría en el pasado.

Mónica tomó coraje para afrontar la situación, se propuso interesarse por todo lo que veía y apreciar las maravillas que le rodeaban ¡Que eran muchas! En el futuro necesitaría recordarlas y saborearlas de nuevo.

Ahora debía seguir adelante, porque como ella pensaba, la vida continua sin detenerse, y le quedaba un largo camino por recorrer y descubrir.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.