Encontré un corazón roto

El día que la visité en su casa, llovía a cántaros. No tuve que llamar al timbre, la puerta estaba entreabierta, quizá por un descuido. Entré sin permiso, sin esperar a que alguien me recibiera.

En el suelo del salón se habían caído los libros de las estanterías, en la alfombra estaba de trozos de loza blanca. La lámpara colgaba del cordón y se balanceaba en la mesa del sofá. Una taza de café se había derramado por él en la mesa de centro y goteaba con un sonido de tic-tac.  El butacón de cuero estaba inclinado y tumbado. Las ventanas estaban abiertas y golpeaban sin cesar. Parecía había pasado un huracán, estaba todo revuelto y parte de la estancia destrozada.

—¡Maldita sea…!  Pensé otra discusión.

Ella estaba en medio de la habitación desordenada, respirando con hipo entrecortadamente, abatida, angustiada. Llevaba un pantalón negro y una camisa blanca casi transparente medio abotonada, donde se insinuaba su sujetador de blonda. El pelo, sin duda recién lavado, castaño claro despeinado, caía su larga melena desordenadamente, tapándole parte de su rostro.  

Me acerqué y la abracé fuertemente con mis brazos, sin soltarla. Se apoyó en mi hombro aunque no supiera en esos momentos, quien era yo.  No podía reconocerme, no veía, sus ojos estaban cerrados y sus párpados rojos e hinchados. Le dejé llorar hasta que se quedó sin lágrimas.  

Ella no hablaba mucho, pero esa tarde, se confesó a mi lado, le habías salpicado con palabras hirientes. Le hacías sentirse culpable de vuestras desavenencias, se sentía manipulada.

Me ayudó a descubrir cómo le habías destrozado la vida, la humillabas continuamente, olvidabas tus responsabilidades.

La decepcionaste, nunca le diste un beso con dulzura, solamente con pasión y erotismo. No apostaste nada para que vuestra relación durara. Jamás te pidió que fueras perfecto, no logró de ti una proposición para ser felices juntos

¿A ti de verdad te ha importado alguna vez, alguien que no seas tú mismo? En vuestra convivencia, no la respetaste, cometiste errores imperdonables.

Descuidaste su amor y lo perdiste. No sabes amar. Por eso y por mucho más quiero entrar en el corazón de la que nunca amaste.

Deseo ir recomponiendo todo aquello que tú destrozaste.

 ¡Vete de su mundo! y déjame enamorarla.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

2 comentarios on «Encontré un corazón roto»

  1. Elena Domingo dice:

    Tu relato me ha emocionado. Me ha gustado mucho
    Sigue escribiendo, me da gran ilusión

    1. Elena dice:

      Muchas gracias, mamá. Todavía me queda un largo recorrido de aprendizaje.

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