El pasomalo

Todas las tardes Pili salía después de comer a dar un paseo, no siempre por el mismo sitio alternaba las huertas, el rio o la montaña.

Ese día, no le apetecía ir sola, así que llamó a su amiga Marga por teléfono

-¿Te apetece salir esta tarde?

-¿Dónde quieres ir Pili?  

-Pensaba dar un paseo por la ribera izquierda del rio, la zona del “pasomalo”

-El cielo está encapotado y quizá llueva comentó Marga.

-No pasa nada Marga, cogemos unos paraguas.

-De acuerdo, quedamos en el puente.

Pili se preparó una comida rápida en el microondas con restos que tenía en el frigorífico. Cogió una mochila, un pañuelo largo y un botellín de agua. Miró el cielo y lo vio despejado, sin embargo decidió coger el paraguas verde de palo,  por si el tiempo cambiaba.

-Hola Marga ¿no has cogido el paraguas?

-No, he visto que salía el sol.

– Ah pues yo sí.

-Déjalo, no lo necesitarás  

– No, me servirá, si no para la lluvia, como parasol, bastón o quién sabe.

-Qué diablos, si no vas a volver a casa, aprovechemos la tarde que está muy bonito en esta época el pasomalo, lleno de margaritas, retama y tomillo.

– La pena es que lo frecuenta muy poca gente.

-Claro, respondió Marga es un camino entre el rio y la montaña, aunque es precioso con un olor inconfundible tiene el inconveniente que se desprenden trozos de rocas sobre todo después de las lluvias.

Uff  bobadas.

-Pili, colócate a lado de ese matorral apoyada en el árbol, te quiero hacer una foto con el móvil. Espera, espera… que estoy viendo a un hombre a lo lejos.

-¿Y qué pasa Marga?

– Creo que es Saturnino el hijo de Santiaga. Un individuo rudo poco recomendable estuvo en chirona hace unos años. Apresura el paso, ya haremos fotografías otro momento. Pili pensó que su amiga Marga era una miedica,  pero obedeció y aceleró el paso.

A los pocos minutos Saturnino estaba delante de ellas impidiéndoles el paso con los brazos extendidos ¡Hola, tías buenas!  Dijo en un tono desagradable haciendo alarde de macho ibérico.

-Hola, respondieron ellas con cara de pocos amigos.

-¿Qué hacéis solas por estos parajes?

-Pasear contestó descaradamente Pili. Déjanos pasar nos están esperando unos amigos dijo mintiendo tal rotundidad que parecía verdad.

– ¡Ah unos amigos!  Vaya ya veo que tenéis escondrijos para daros el lote con tíos.

 ¡Qué dices so cerdo!

Ante el insulto, Saturnino embistió y agarro con fuerza el brazo de Marga y la atrajo hacia él. Comenzó a manosear su teta.

– ¡Suéltame, asqueroso! – ¡Suéltame, gritó con más fuerza!

– Suéltala, hijo del demonio.

Las dos amigas desataron una pelea sin cuartel a brazo partido con aquel hombre fornido.  Aquello se transformó  en una avalancha de empujones, patadas y zarpazos. Pili tan valiente como furiosa  levantó su paraguas verde con la intención de aporrearle en la cabeza. Saturnino lo esquivó, y al inclinarse lo hizo con tan mala pata que el paraguas fue directo a sus testículos. Un grito de dolor retumbó en las rocas.

Empezaron a correr y en medio del camino les sorprendió la lluvia. Llegaron al pueblo empapadas. Ya ves Marga para que he necesitado el paraguas. Se miraron y sonrieron abiertamente como si unos chispazos de alegría estallaran en sus bocas.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.