El divorcio

La sala de los juzgados estaba llena de gente que transitaba arriba y abajo entre escaleras y pasillos. Una mujer de mediana edad tenía un rostro con expresión de tristeza y un hombre de traje azul estaba a su lado. No hablaban.

En el pasillo 43 una administrativa le dio unos papeles que recogió el hombre del traje azul. Se lo entregó a la mujer y lo firmó sin leerlo. Parecía que quería evitar ese momento, aunque fuera inevitable. Luego se lo entregó al hombre de pelo cano que lo leyó y finalmente lo firmó.

Un segundo después el hombre canoso giró la cabeza y se dirigió a la mujer.

—Al menos de despedida, supongo que me darás un beso.

—¡No lo haré! Le contestó desafiante.

Enfurecida, giró la cara, dio media vuelta y se alejó sin decir adiós.

—¿Celia, te parece que vayamos a tomar un café? preguntó expectante el hombre del traje azul.

—Claro Ramón, respondió Clara levantando la mirada con los ojos humedecidos. Lo necesito.

Salieron de los juzgados sin rumbo hasta que vieron una cafetería y sin pensarlo entraron.

El espacio era lúgubre con poca luz, mobiliario de madera, decorado con una máquina tragaperras, una maquina pinball con luces de colores y un futbolín.  No había gente, parecía un bar sacado de una película de los años 70.

De pronto interrumpió el camarero y se dirigió a ellos.

—¡Che! ¿qué quieren tomar? Un café con leche vegetal muy caliente y para ella un café doble solo. Acá no tenemos ese tipo de leche ¿Entonces desnatada?

—Vale —¿Nos lo sirve en una mesa, por favor?

—Si quieren platicar tranquilos elijan ya una mesa, porque dentro de diez minutos se llenarán de bogas.

Ramón y Celia eligieron un lugar discreto alejado de la barra y cerca de una ventana.

—¿Lo has escuchado Ramón? Le decía estremecida, me ha pedido un beso “mi ex” como despedida.

—¿Qué sentido tiene?

—Celia, no te lo tomes así, pretendía encontrar una forma correcta de finalizar vuestro matrimonio.

—Aunque no te lo parezca recrudeció mi dolor, Ramón. Lo encontré insolente y brutal.

A Celia la ruptura de su matrimonio le había causado un gran desorden emocional. Se sentía como una esponja llena de emociones deshumanizadas, Las dos décadas que pasaron juntos habían deteriorado su existencia. Soportó mucha insolencia, ultrajes. Ahora le parecía tener que seguir obligada a tragar agua sucia con una sonrisa.

—Tu exmarido ha querido ser agradable contigo continuó Ramón y ha intentado finalizar vuestra vida anterior con un gesto afectuoso. En esta sociedad todos afilan las espadas y van buscando como sacar mayor tajada. Los abogados, estamos de simples espectadores, defendiendo los intereses de nuestros clientes.

—No le conoces a mi exmarido es un gran actor, sabe interpretar en escena su mejor papel escondiendo la espada.

Ramón se quedó callado por unos momentos.

—Te lo digo Celia, vuestro divorcio ha sido ejemplar.

Se hizo un silencio diáfano.

̶ ¡Uff!  Pero no así nuestra vida en común.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.

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