Despertar

Como cada mañana, Mónica abrió los ojos con el ruido del despertador, se quedó imperturbable durante unos segundos, como si le costara abandonar los sueños y pasar a la realidad. Soñaba escenas de forma repetida y obsesiva, desde el día que estuvo sola en el despacho atendiendo aquella pareja de nuevos ricos.

Antes de poner los pies en el suelo, tomó la decisión de que un día no muy lejano, haría realidad sus sueños.

Trabajaba como pasante en un bufete en Alicante, ocupado por tres abogados: Pedro Suárez en la rama laboral, Ramón Fernández en mercantil y Luis Soriano en la de civil.

Mónica estaba siempre con Ramón que le iba desvelando todos los secretos de la especialidad. Una tarde se ausentó, y algo insólito, la dejó sola para atender a dos clientes Tomás Martínez y Raquel Pérez.

Durante la entrevista les hizo firmar unos documentos, y les dijo que no se revelaría ningún secreto comercial. Bueno, eso pienso dijo Tomás, con una mirada desafiante. Raquel en toda la entrevista permaneció en silencio como una catacumba.

– Es una simple formalidad, les aseguró. Es una norma del despacho para todos nuestros clientes.

Después de darles esa respuesta, Mónica comenzó a sentirse algo incómoda. Mientras tomaba notas cuidadosamente, observaba con el rabillo del ojo aquellos nuevos ricos.

 ̶¿Perdone mi pregunta ¿es usted abogada o la secretaria de don Ramón Fernández?

̶ Abogada por supuesto, especializada en mercantil.

De pronto la conversación dio un giro inesperado. Entonces estará de acuerdo conmigo que hacer una estructuración de las empresas, lograremos más exenciones de impuestos.

 ̶ Existen diferentes fórmulas y hay que estudiarlas. No duden que cuando tengamos las respuestas le llamaremos a Ud. o a su esposa.

̶  ¡No! Respondió con una voz ominosa.

̶   Subraye solo mi número de teléfono, a ella solo la traigo para que firme, papeles.

Qué tipo más imbécil, no tendríamos que tener clientes así, aunque tenga fajos de dinero y no sepan como y donde gastarlos. Despidió al matrimonio y se engulló entre las montañas de expedientes que tenía sobre la mesa.

Se centraba en el trabajo de tal forma que la mantenía alejada de la realidad, carecía de contactos y de amigos. Era algo natural quedarse sola los fines de semana en casa; su vida diaria eran pasajes uniformes repetitivos sin ningún significado.

Había sido un duro peregrinar hasta que consiguió licenciarse en derecho. Sufría cada año hasta conocer, si le habían renovado la beca. Desde el fallecimiento de sus padres había hecho un solo viaje para ver a su hermana a Benasau en las fiestas patronales del último agosto.

Había tratado siempre de mantener alejados a los intrusos ¿Pero quiénes eran intrusos? Para Mónica todos los que le rodeaban. Se podría decir que Mónica era asocial, si no fuera porque en el trabajo mantenía una relación afable y cordial con sus compañeros.

Era una joven que caminaba erguida, alta de aspecto atractivo, y morena. En su vida íntima, para los demás estaba cargada de misterio porque cernía un halo distante y mantenía un absoluto hermetismo. En su trabajo era ejemplar, no se le podía achacar ningún error administrativo, ni ningún descuido sobre ejecuciones y plazos.

Ramón en algún momento la había elogiado públicamente. Mónica llegará a ser alguien, es una mujer perspicaz e inteligente, mucho más de lo que suponemos.

Un lunes a las cinco de la tarde al despedirse de la secretaria, se quedó pensativa un momento, y le dijo:

Cuando llegue el Sr. Fernández, prosiguió, dígale que me he tenido que ausentar y que todo lo de aquí, lanzando una mirada al escritorio, está resuelto.

Falta el expediente de Tomás Martínez y Raquel Pérez que lo tengo en casa.

Se giró y al salir en el ascensor, comprobó que llevaba el billete de avión para las islas Caimán y que su vuelo salía en dos horas.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.