Cada mañana

Con las primeras luces de la mañana me despierto. Tengo la costumbre de dejar la persiana levantada, ya que no tengo cortinas en mi casa. No utilizo despertador, si no es estrictamente necesario, así abro los ojos con más paz. A veces me ocurre que estoy en un duermevela, veo luces y sigo en mi sueño. Para mí, es un dulce despertar.

Acurrucada en el calor de mis sábanas dejo que mi mente esté lo más limpia posible, primero aseo el alma, luego en la ducha el cuerpo.

Tengo una guía de actuación, en un inicio doy gracias al universo, a un Dios o fuerza superior por despertar, por tener consciencia de lo que ocurre, por mantener la salud y por sentirme bien.

Mi mente es como un iceberg, asoma en la superficie la parte visible, mientras que el resto, la mayor parte la tengo escondida a lo largo del día. En estos momentos es cuando aprovecho y afloro la parte invisible y profunda.

Antes de que empiecen las conexiones neuronales y se pongan los motores en marcha como un túrmix. Durante el día digo a mi mente que pare, y se burla de mí. No sé si a otras personas les pasa, pero yo tengo en motor cerebral muy revolucionado que no para.

Sin distraerme, decía, reviso mi espíritu, cuestionando aquello que he ido encontrando y acumulando a lo largo de los años.

Como si fuera un arquitecto de obras, no sé si lo hacen o es su cometido, pero yo así me lo imagino. Repaso el significado que le ha ido dando al poder, a la posición y al éxito. Indispensable tenerlos equilibrados.

Los logros son importantes, también efímeros. Hay que poseerlos y considerar que siempre son insaciables y te piden algo a cuenta si has logrado llegar a ellos, aunque sea en muy pequeña medida.

En la vida hay cerros, lomas y montañas, algunas extraordinariamente altas y difíciles. Para lograr la cima se requiere, inteligencia, voluntad, suerte y oportunidades. Y no siempre se tienen.

Cuando logro una meta seguidamente sé que me pide algo a cambio ¿Qué doy para recibirla? ¿Merece la pena la permuta? Pienso en ellas, aunque desearía cambiar algunas, soy consciente que no puedo.

Cada persona tiene un propósito que ha requerido un esfuerzo y es loable lo que cada uno estime y destine el valor que quiere darle a ese intercambio.

Lo que a mí me interesa es reflexionar sobre lo que he conseguido, sin recrearme en mis logros. Nunca lo he hecho, ni antes ni ahora.

Deseo no llegar a un punto de saturación, ni siquiera en las emociones. Tampoco recrearme en mis fracasos. Simplemente los confirmo con una toma general de fotogramas dando un repaso general, cortito.

Con los años he ido aprendiendo a limar asperezas en mis relaciones, a admitir a la gente tal como es y a separarme de las personas, que me resultan tóxicas. Tengo presente a mis amigos en mi meditación, todos excepcionales, me suministran ejemplos de vida y comportamiento.

He ido apoderándome de la risa y de saber disfrutar de las pequeñas cosas y alejándome todo lo posible del descontento. No me aporta nada. Soy risueña por naturaleza.

Valoro mis apegos que son muchos, especialmente familiares, y cuantifico mis limitaciones que son un gran manojo y hago lo posible admitirlas. Me fastidian profundamente, pero he terminado reconociéndolas, porque no tengo otra salida, no me queda otro remedio que aceptarlas.

La naturaleza no me ha dotado de las cualidades que yo hubiera querido, además no están a la venta, tampoco se consiguen con poder, fama o dinero, que también carezco, así que agarro los machos y sigo mi reflexión.

Luego está la parte de meditación sobre el día anterior, donde doy un vistazo y tomo conciencia de mis acciones, buenas, malas y regulares. Pienso en mí misma en tercera persona.

Resumo todo lo que ha salido mal, la gente que me ha desilusionado, la circunstancia transversa que se ha producido, mi ira y enojos. Junto todo e intento visualizar donde está el mensaje cifrado y entender el criptograma. 

Antes me costaba mucho encontrar el significado, ahora con más adiestramiento voy consiguiendo entenderlo, aunque he de reconocer que sigue resultándome difícil.  

Finalmente me propongo y trazo proyectos, deseos, obligaciones, tareas que quiero hacer con un propósito. Siempre en una cantidad excesiva para poder realizarlos.

Trato de ponerme una disciplina que no consigo, soy un poco díscola, me disperso con facilidad; también doy un espacio para que se produzcan imprevistos y sorpresas.  Estas últimas me encantan, son regalos especiales.  

Es entonces, cuando pongo los pies en el suelo y me voy a la ducha.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.