Aprendizaje

Muchos hombres que nos rodean son manipuladores y buscan entre las mujeres diversiones y entretenimientos. Al principio parecen inocentes, pero desencadenan con el paso del tiempo desenlaces destructivos. Hombres cínicos, hipócritas y mezquinos. Lo sé muy bien por qué lo he vivido en mi propia piel.

Tropecé con un hombre de esas características en el invierno del 2018. Cuando lo conocí a Jorge, era un hombre amable, elegante, simpático, es decir,  un seductor de cuatro estrellas. Al principio creí que yo lo había elegido a él, sin embargo con el paso del tiempo descubrí que fue él quien me eligió a mí. Me estudió concienzudamente y descubrió mi vulnerabilidad. Aparentaba saberlo todo, su punto de vista siempre prevalecía. Era prepotente.

Los primeros meses me produjo un estado de embriaguez emocional, cuando me dijo bonita, te deseo, te quiero. Lo creí. Palabras que se transformaron como la sarna, se introdujeron en mí. Las emociones se transformaron en el ácaro recorriendo las galerías en los surcos de mi piel. Me producían picazón en la cintura continuando a lo largo del cuerpo, entre las sábanas, todas las noches.

Pasados los primeros síntomas, nuestra relación se fue enturbiando y reduciendo el picor, cuando me percaté que Jorge me manipulaba y me aislaba de otras personas, de mi familia y amigos. Consiguió que perdiera mi libertad.

Lo peor de la personalidad de Jorge se relevaba en que si descubría que eras débil, él se cebaba en esa debilidad. Y descubrió mi punto flaco.

Era consciente de que me iba bombardeando psicológicamente y me sometía a sus mandatos. Terminó manejando mis emociones con exigencias continuas, provocándome alteraciones en mi carácter. Me sentía cada vez más vulnerable.

Jorge se convirtió en una obsesión, cada mañana al despertar me aparecía una voz con eco constante y repetitivo que me atormentaba a lo largo del día, queriendo cumplir todo lo que me pedía. Se había inoculado como un virus en mis neuronas.

Me desvalorizaba, me machacaba con mi cuerpo, me insultaba, me hacía creer que solo delgada era bonita. Yo me pesaba a diario, contando las calorías. Estaba continuamente a dieta. Probé todo, dieta ayurvédica, proteica, intermitente, depurativa, y así una larga lista. Fui perdiendo autoestima.

Hasta que un día reaccioné, me di cuenta de que no estaba gorda, quizá algún kilo de más. Decidí que no tenía que obedecer ciegamente todos sus mandatos, conseguí no tener en mi mente el nombre de Jorge, ni sentirme atada a sus mandatos. Han pasado unos meses desde entonces y ahora tengo una enorme sensación de alivio.

Nunca más en ningún tramo de mi vida voy a volver a tener una relación tóxica, como la que he vivido. Ya he reparado mis heridas. Tengo suficientes fuerzas para comerme el mundo.

He aprendido del dolor sufrido, pero no quiero vivir en él, sino salir de él.

Sección: Relatos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.