Un célebre hospital

La invitación a visitar un hospital de alta tecnología despertó mi curiosidad y acepté de inmediato. Según iba acercándome con mi coche la visión lejana del edificio estremecía, resaltaban en el tejado los colores del amanecer que se filtraban por las ventanas dando a todo el conjunto un aspecto nacarado.  Estaba rodeado de una extensión de tierra ocre y un prodigioso paisaje, sembrado de plantas y árboles de diferentes tonalidades verdosas.

Entré en el parking radiante y limpio, allí mismo me pidió la acreditación un hombre sonriente y cordial que me acompañó a la primera planta del edificio.  Ya estaba la Dra. Max una mujer menuda y delgada de facciones suaves y pelo rubio que me recibió con un saludo tipo japonés, mediante una leve inclinación de la cabeza.  Como intuyó mi intención de extender el brazo que frené de inmediato, me confesó que dar la mano era una fuente de contagio, y su saludo era forma de prevenir la entrada a cualquier agente tóxico externo que procediera del exterior. Todos los visitantes antes de recorrer el hospital debían de pasar por unas habitaciones que habían construido especialmente llamadas “gorper”, similares a las de un gimnasio con duchas y taquillas,donde era obligatorio cambiarse ropa y de zapatos por una vestimenta que ellos proporcionabande un solo uso. La salida del “gorper” tenía una sola dirección que conducía a un salón espléndido de color azul con amplios ventanales donde se expandía un cartel que indicaba los diferentes departamentos de las especialidades médicas.

Comenzamos nuestra vista por traumatología y rehabilitación, allí me presentó al Dr. Goma, un hombre alto, de tez morena y de hombros anchos con aspecto típico de deportista. Todaslas habitaciones de traumatología eran de color amarillo, no existían quirófanos, hacía décadas que habían desaparecido las técnicas invasivas. Según el Dr. Goma todas las fracturas las trataban mediante inoculación microresferas en las mitocondrias que estimulaban e impulsaban los osteocitos que permitían la consolidación rápida de las fracturas. La zona de rehabilitación estaba interlineada, mediante piscinas a diferentes temperaturas y una zona de fango donde también se trataban los procesos reumatológicos. En la zona contigua se encontraba el departamento de oftalmología allí  se realizaban implantes de microchips para restablecer las lesiones en retina, y la inoculación de lentes intraoculares para tratar todos los problemas de visión de forma que nadie tuviera que utilizar ningún tipo de gafas, ya que considerabanun artilugio ancestral.

En la zona de psiquiatría los pacientes guardaban un silencio absoluto, en la cabeza llevaban  minúsculas microplacas de diferentes colores, dependiendo de la enfermedad que padecían a las que estimulaban corrientes eléctricas desde una centralita, mientras que ellos leían o jugaban al ajedrez. Próximo a la sala existía el centro de psicología centrado en inculcarles normas de conducta social  y seguridad en sí mismos

La zona central tenía un aspecto de pecera estaba limitada por cristales trasparentes donde el acceso no estaban permitido a los visitantes, allí se encontraban los hombres de ciencia, investigadores, ingenieros biomédicos y profesores. Todos con aspecto menos juvenil, muchos de ellos peinando canas, parecían estar ajenos al resto, centrados en la atención a los aparatos electrónicos y computadoras que les rodeaban.

La zona de oncología localizada en el extremo sur del edificio, no existían las transfusiones de quimioterapia, ni radioterapia. Los pacientes eran curados mediante la insuflación de células madre, inoculadas por la nariz, y según el órgano a tratar eran asociadas a biomoléculas enzimáticas que reconocían por sí mismas el lugar de la lesión.

Me llevaron- como no- al departamento de Obstetricia, una zona extraordinariamente bella y acogedora, muy diferente a las anteriores dependencias, con una decoración exquisita y de buen gusto que había sido patrocinada su decoración por empresas y gente adinerada.  Allí tampoco existían quirófanos, la realización de cesáreas se consideraba una técnica obsoleta. El control y dirección de embarazo, como así lo llamaban, consistía en valorar todos los parámetros para evitar un parto distócico y si se preveía, adelantaban el parto todo lo posible para evitarlo. En la zona de neonatos seguían la evolución hasta llegar al peso y crecimiento adecuado. El protocolo después del nacimiento era realizan un estudio de la carga genética y si se determinaba un trastorno hereditario o no, mutación, delección, translocación, etc. se trataba de inmediato  y se reparaba el cromosoma dañado.

El departamento del envejecimiento saludable era donde acudían de forma regular personas de edad avanzada, estaba organizado para realizar un ejercicio y técnicas de taichí con  atención constante por parte del personal de apoyo. Pues no solamente eran atendidos por geriatras y enfermeras, sino que también acudían personas que aportaban una ayuda sin ánimo de lucro.

Una zona que me llamó extraordinariamente la atención fue el departamento anticrisis era el único del hospital donde existían camas e ingreso hospitalario, pues incluso en maternidad la mujeres eran dadas de alta el mismo día del parto. Bien aquí estaban los pacientes que habían llegado a un stress de más de 40 grados. Todos estos eran recluidos y tratados mediante musicoterapia, durante su estancia se les dotaba de instrumentos musicales de viento, metal y percusión. Según el tipo e intensidad del stress, tenían partituras de Vivaldi, Debussy, Albinoni y Zamfir., entre los más conocidos.

El último departamento que visité fue el de inmunología, ya no se trataban enfermedades infecciosas, ni siquiera las víricas. Las enfermedades actuales eran un conjunto de alteraciones de reconocimiento los antígenos y anticuerpos. Lo más llamativo es que eran tratados los pacientes mediante complementos alimenticios y una alimentación saludable y ecológica.  Las enfermedades degenerativas según la Dra. Max eran consecuencia de una nutrición incorrecta. A cada paciente se le hacía un estudio individual, porque no todos requieren el mismo alimento, ni la misma cantidad. Hacía años que no utilizaban fármacos,  sino terapias mediante dietas personalizadas, una opción que me resultó terriblemente atractiva y estaba pensando como pedirle a la Dra. Max que me hiciera un estudio personal. Después de un momento de reflexión, ya decidida a solicitárselo, noté un ruido ensordecedor en mi oído, era el terrible despertador de cada mañana.

 

Elena Ruiz Domingo. Publicado BOLETÍN ELECTRÓNICO DE LA AEEM. JUNIO 2015. NUM 42

Sección: Pensamientos, Reflexiones
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.