Dña.Rosenda no deja de pensar

Un poco de sosiego y tranquilidad me vendrá bien. Hoy me quedo en casa limpiando. Ayer fue un día duro, me han pasado muchas cosas en un corto periodo de tiempo.

Todavía recuerdo cuando me metían en el pezón la aguja enorme, sentí por un momento que me caía redonda al suelo. Lo cierto es que no me hizo el menor daño la médica, algo de molestia, pero nada más. Luego siguió el aplastamiento de los pechos con una máquina, quizá me dolió algo más, a pesar de que los tengo blandos y péndulos, ya no son el recuerdo de aquellas tetas tiesas y duras de mi juventud.

La chica de bata blanca que me atendió era bajita, rubia, simpática, en los primeros minutos de la charla me tranquilizó muchísimo.

-Es muy importante que Ud. se quede muy quieta, la doctora le va a introducir un líquido blanco por uno de los conductos de la leche, no notará dolor, quizá un ligero escozor, pero si no lo puede aguantar paramos hasta que nos lo diga. ¿De acuerdo,Rosenda? 

Yo miraba a la médica, que no decía nada, tratando de colocar la aguja en la jeringa con cara sonriente y dulce.Mirarla también me tranquilizó.

Al final de las pruebas la muchacha de pelo rubio me puso la mano en el hombro y, de forma muy contundente, me dijo:

Rosenda, si hay algo preocupante nos pondremos en contacto con Ud. por teléfono. Le interesará saber que, en la mayoría de casos. son procesos benignos que ocurren a muchas mujeres.

Yo, señorita –le contesté– soy muy ignorante, no me atrevo a preguntar nada por miedo a meter la pata. Siempre me acompañan alguna de mis hijas, esta vez ha sido la Susana, que ahora está fuera, en la sala de visitas, y es casi siempre la que me explica y “me saca las castañas del fuego” cuando estoy en un aprieto. No sabe lo que le agradezco lo que me ha dicho, me ha quitado una gran preocupación y ahora mismito voy a decírselo a mi Susana.

Ayer recuerdo que, mientras se lo contaba a mi hija, hasta notaba yo misma para mis adentros que estaba contenta.Sin embargo, hoy no paro de recordar el momento en que me encontré a la Charo.

Ea… Rosen!,¿cómo te va? 

Y ahí sí que me explayé contándole todo lo de mi pecho.Ahora que lo estoy recordando, no me entiendo a misma por qué lo hice, con la fama de chafardera que tiene.

La Charo se puso pesadísima y no paraba de parlotear toda la historia de su sobrina con los médicos, que no habían acertado en el diagnóstico, y terminó concluyendo:

Acaba de fallecer hace un mes, la pobre, de un cáncer de mama.Eso no quiere decir. Rosen, que te vaya a pasar lo mismo, tú eres una mujer muy fuerte… 

Con los ojos desorbitados, mirándome de frente,terminó la frase: 

-Yo que tú iba a un médico de pago de inmediato.

Me he pasado toda la noche sin pegar ojo. Lucas, si se ha enterado, no ha parado de roncar y moverse. Estoy disgustada, no dejo de pensar en la sobrina de Charo, reconozco que me ha influido. Mañana, sin falta, voy a pedir hora de urgencias con Don Cipriano para que me aclare qué debo hacer.

Sección: Doña Rosenda
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.