Los accidentes geográficos naturales

Me quería marchar por esos mundos de Dios sin rumbo, por el mero hecho de viajar y recorrer carreteras y caminos. Solamente tenía una semana de vacaciones y muchos dolores de cabeza, por problemas personales y de trabajo que se habían acrecentado en los últimos meses del hospital. Las guardias eran interminables, el ambiente tenso y el trabajo interminable.

La vida de este último año se había centrado en levantarme, estudiar, trabajar, salir del trabajo a casa y de casa al trabajo. Algún fin de semana con los amigos y en alguna ocasión me había ido solo al teatro. Los años anteriores cuando llegaban las vacaciones varios meses antes ya estábamos disponiendo mi mujer y yo a que lugar del mundo nos iríamos. Es cierto que resultaban siempre vacaciones preciosas, nunca para el descanso, aunque siempre intensas y emotivas, llenas de anécdotas y repletas de fotografías que nunca llegábamos a volver a mirar.

Este año era distinto estaba solo, era septiembre y ni siquiera me había percatado de que el verano terminaba, había ido cambiado las vacaciones con mis compañeros, pues ahora ya no tenía ningún interés por elegir un período determinado.  Ayer me habían llamado desde la administración para entregarme unos papeles y María la secretaría me dijo hola como estás Juan, ¿este año a donde te vas de vacaciones? No lo sé le respondí, creo que entendió que no quería decírselo, pero la verdad ni yo mismo sabía lo que quería hacer.

La relación con Laura había sido muy tormentosa y ahora a mí me parecía que mi vida carecía de interés, el trabajo ya no me motivaba, se había convertido en una rutina. No conseguía leer una página de un libro sin que las frases de Laura me atormentasen- no me haces feliz Juan, un día me marcharé-. Nunca las había notado tan fuerte como ahora retumbaban una y otra vez en mi cerebro, sin que me dejaran en paz, a veces incluso por la noche me despertaban y luego no podía conciliar el sueño. Recordaba haberlas escuchado meses antes a lo lejos, pero nunca me había parado a pensar en su significado, eran como el ruido de los coches o el silbar del viento en los días gélidos de invierno. Cuando el ruido de las palabras y los portazos de Laura se hacían más intensos, pensaba como un autómata ya vendrá el verano y se calentará la atmósfera.

Mis amigos estaban lejos de mi casa, a veces hablaba con ellos de temas intrascendentes, cogía el ascensor siempre corriendo apenas conocía a mis vecinos, ahora es cuando notaba que verdaderamente la soledad.

 

Nunca creí que mi vida pudiera necesitar algo más que a mi mismo. Había logrado lo que siempre había añorado. Sin embargo, ahora me encontraba sin nada, sin ilusiones, fatigado, sin rumbo ¿Que es lo que había cambiado?

Esta mañana me había levantado muy temprano, desayuné un café con leche y una tostada con mantequilla, recogí una bolsa con unos pocos enseres y salí de mi barrio del Pilar hacia la autopista A 6. Escuchaba la radio para conocer la densidad de tráfico a la salida de Madrid.  Iba conduciendo pero me sentía cansado, voy a parar en las Rozas en una gasolinera y vuelvo a tomar otro café doble para no dormirme. No me llego a acostumbrar a viajar solo, seguía oyendo las risas de Laura sus conversaciones, ella siempre tenía alguna historia nueva que contarme.  Por aquel entonces no le hacía caso y por cualquier noticia que oía en la radio la interrumpía. Puse mi CD preferido y empecé a escuchar música, Pink Floyd canciones que siempre me rememoran y me ensueñan. Había muchos camiones en la autopista, me estaba distrayendo escuchado The Walls, empezaba a fantasear de modo que a la altura de Villacastín decidí girar a la derecha e ir por la nacional 110 hacia San Pedro de Dueñas. Era un paisaje que recordaba de mi infancia, con mis padres y mis hermanos.

Paré el coche y salí a mirar el paisaje con las puertas abiertas oyendo el Time, mientras por vez primera era consciente del mensaje ever year is getting shoter, never sem to find the time.  Pensé en la letra y me di cuenta que era cierto yo nunca encontraba tiempo para nadie, ni siquiera para mismo, no veía lo que me  ocurría alrededor. Por vez primera abrí la mente y mis ojos al unísono, frente a mi se veía una imagen que formaban las laderas de las montañas, una percepción nueva del paisaje. No era algo artificial como el conjunto escultórico que había visitado en Keiston en el Monte Rushmor en nuestras últimas vacaciones. Ahora examinaba un diseño de un paisaje natural con sus accidentes geográficos, observándolo de forma diferente, siendo más consciente de lo que veía. El conjunto de  los picos de los montes el de la Pinarejo, Peña del Oso y Pico de Pasapán, formaban una imagen sin artificios y la escena vista desde la llanura de los tres picos asemejaba a una mujer tumbada o dormida.

Probablemente mi padre nos lo había comentado una y mil veces, sobre “La Mujer Muerta “en la sierra de Guadarrama, nunca vi nada, mirando las montañas, no le escuchaba, me pasaba lo mismo que con Laura. De pronto   me centraba  en mis propios pensamientos siendo ajeno a lo que ocurría a mí alrededor.  Ahora notaba el olor a pino silvestre, la soledad de la naturaleza.  Laura y yo habíamos ido a ver un monumento nacional donde estaban tallados los rostros de cuatro presidentes de Estados Unidos George Washington, Thomas Jefferson, Abrahan Lincon y Theodore Roosevelt.  A pesar de los grandes monumentos, no parpadeaba pero no veía más allá de las imágenes.  No me enteraba de lo que pasaba a mí alrededor, disfrutaba del viaje, me impresionaban las grandes esculturas talladas en la montaña y creía que a Laura le pasaba lo mismo, no era cierto.

Ahora estaba sumergido en un fracaso sentimental, sin salir de mi propio mundo de fantasía. Tenía las imágenes tan cerca sin verlas, mi egocentrismo y el impacto de lo sentidos se había abierto de pronto.  Acababa de despertarme. Laura no estaba muerta, Laura estaba dormida por mi sórdida sordera. Ahora necesita intensamente escuchar sus palabras, encontrar la forma de entenderla y contestarle con las palabras dulces. Debía disculparme, confesar mi gran error, descubrirle que había una vuelta atrás en la forma de entender nuestra vida en común. En la distancia lo había comprendido mirando el paisaje, esa imagen era ella y de ese sueño debía despertarla.

Laura había estaba tan próxima a mí que no había acertado a escucharla, hoy  me había dado cuenta.  No me tenía que dar por vencido, no debía perder la esperanza, le mostraría que ahora era capaz de ver los campos verdes,  sentir su voz y ver su mirada dulce. No debía perder más en tiempo en ir buscarla.

 

Publicado en el Boletín electrónico de la AEEM. Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, 2012

 

 

Sección: Reflexiones
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.