El placer de la menopausia

Desde la unión de los gametos, nuestro código genético queda establecido, concretamente en las mujeres por el doble cromosoma XX,  si bien es en el momento del nacimiento cuando se elige el nombre femenino al visualizar los genitales externos, incluso puede que antes en los casos que a la madre se le hayan realizado ecografías durante su gestación.

La infancia es un periodo en las que las diferencias entre niños y niñas, no siempre quedan bien establecidas, dependiendo del entorno y educación. El momento cumbre de la feminidad queda patente y determinado, sin ninguna duda, con la llegada de la primera menstruación de ahí el refrán de las abuelas “Te has hecho mujer”.

A las mujeres las menstruaciones les acompañan a lo largo de su vida fértil, quizá durante los primeros dos años, pueden tener cierta irregularidad, pero luego se convierten en periodicidad constante, si no hay embarazo o patología ginecológica, de modo que muchas mujeres a sus menstruaciones les llaman  “periodos“.

Con la llegada de la menstruación hay algo en ella que determina su propia presencia y condiciona nuestra vida, hace que la mujer se convierta en multifunción. Su propia presencia nos hace programadoras para resolver al mismo tiempo, nuestro propio calendario, nuestra hemorragia y nuestra vida personal y social. Es evidente que hemos dado grandes pasos, con referencia a la generación de nuestras abuelas y madres, hoy disponemos de artilugios que nos permiten una gran comodidad como la utilización de compresas convencionales, extraplanas, aladas e invisibles como son los tampones.

Estos artilugios han generado estupendos recursos para muchas situaciones sociales, deportivas y laborales, aunque no siempre resuelven todos los problemas. Aún en mujeres con ciclos menstruales regulares, no ocurre en todas, aparecen con ciertas frecuencias imprevistas, adelantos de menstruación o retrasos, aunque sea de pocos días, incluso en las condiciones más fisiológicas, lo que nos obliga a cambiar nuestros planes “sobre la marcha”.

Hoy en día la presencia de una hemorragia menstrual, no tiene porque condicionar la vida, sin embargo situaciones como la asociación de hemorragia y sexo, no siempre resulta glamourosa, sin contar que concurren las molestias abdominales en el bajo vientre que por muy leves que sean producen cierto disconfort, luego se asocia la cantidad de sangre, si es mucha resulta una notable contrariedad, si dura más tiempo de lo habitual nos mantiene pendientes de su marcha y si finaliza en goteo nos obliga a estar en explorándonos continuamente.

Gran parte de nuestra vida está organizada en torno a esa periodicidad y su ausencia nos hace disparar sentimientos de alegría, de tristeza y, de frustración, según nuestro anhelo de estar o no embarazadas.

Las mujeres tiene un estrecho vínculo con su menstruación, pero como todo en la vida, la repetición continua sin ningún atisbo de futuro servicio, conlleva  incomodidad, aburrimiento y a veces contagia a la pareja con esa expresión tan conocida  “otra vez esa bendita “, que por muy bien que te lleves con ella, te amarga pasado un tiempo “tu dolce vita “.

A una gran mayoría de mujeres cuando ya han abandonado su deseo de maternidad, les gustaría dar un salto en el tiempo y que sus menstruaciones desaparecieran. No obstante, nuestras hormonas no van acorde con nuestros deseos y, no tenemos la capacidad de dominarlas por nosotras mismas, al menos que recibamos tratamiento médico.

Sin embargo, cuando la mujer está en esa edad crítica que prefiere ocultarla, advierte que desaparece la  menstruación y que la ausencia  si se mantiene durante doce meses consecutivos, piensa… por fin libre, siente sin lugar a dudas, el placer de la menopausia.

Publicado en Ella y el abanico.http://www.ellayelabanico.com/articulos/menopausia por Dra. Elena Ruiz Domingo

Sección: Textos
Dra. Elena Ruiz Domingo

Autor: Dra. Elena Ruiz Domingo

Elena Ruiz Domingo es una médico ginecóloga que le encanta comunicarse, participa con regularidad en congresos, prensa, medios y conferencias.